CRÓNICAS DE RUIDERA (IV)

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 EL DURO CHOQUE CON LA REALIDAD


Laguna Lengüa al borde de la desecación

 

Quedamos en la entrada anterior que la zona de servidumbre de las lagunas de Ruidera, como cualquier otra zona de servidumbre pública, es de uso público y por tanto libre su acceso y el tránsito para caminar y disfrutar de ella.

Pero la realidad es mostrenca y viene a demostrarnos que esto no ocurre así en muchos casos, demasiados, diría yo, en los que el acceso se encuentra cortado, bien por edificaciones destinadas al uso privado o dedicadas al negocio hostelero, que incluso llegan a cobrar por acceder a las masas de agua; bien por vallas y/o alambradas que advierten que se trata de una propiedad privada y que reiteradamente prohíben al paso a través de indicadores con el rotulito de “Propiedad privada” “Prohibido pasar”.

Evidentemente esta situación actual deriva de la pasada en la que las lagunas eran, legalmente, partes inseparables de la propiedad de los terrenos colindantes. Lo que, en teoría, permitió a sus propietarios todas las acciones necesarias para su protección: desde vallar para impedir el acceso a las mismas, hasta edificar en ellas, para lo cual solo necesitarían contar con la correspondiente licencia municipal.

Y aunque es claro que prácticamente ninguna de las edificaciones levantadas en los bordes lagunares o sobre las barreras travertínicas cuentan con licencia municipal, en la actualidad ello no permitiría su demolición sin un previo fallo judicial.

Lo que nos aboca a una situación harto compleja: las edificaciones privadas son ilegales, pero no se pueden eliminar ni expropiar de un plumazo por la Administración. Habría que iniciar un procedimiento judicial para cada una de esas fincas que, en el mejor de los casos, terminaría estableciendo la obligatoriedad de indemnizar a sus propietarios. Cuestión que nos viene a aclarar el porqué la Administración no ha tenido ningún interés en realizar el correspondiente deslinde oficial, toda vez que tal actuación solo tendría consecuencias administrativas sin mayor efectividad.

Y ante tal situación, ¿qué puede hacer el visitante ocasional de Ruidera que desea pasear junto al borde lagunar cuando ve interrumpido o cortado su paso? Pues, normalmente, buscar un sitio por el que poder acceder y continuar su paseo, además de mandar a tomar por donde amargan los pepinos a todo aquel que le diga que está en una propiedad privada, porque no lo está; estaría en la franja de servidumbre pública de la masa lagunar, y ese derecho se debe defender y respetar. Pero, cómo, ¿con violencia y agresión?...

Esa actuación o similar sería algo que nunca debe ocurrir; porque todos vamos a Ruidera con la sana intención de disfrutar de una u otra manera, no para embarcarnos en una batalla campal. Pero sí que se puede grabar la situación e interponer la correspondiente denuncia después. Lo importante es no dejar de hacer, por apatía, desinterés o negativa hacia la complicación, aquello que debemos hacer para defender lo que es nuestro y de los demás.

Por último, quisiera comentar, por venir al caso, una de las últimas barrabasadas que pude contemplar en torno a alguna de las masas lagunares más usadas para el baño, a la que encontré vallada y con un “señor” cobrando entrada por acceder a ella. Le pregunté, obviamente, que cual era el motivo de aquel afán recaudador, respondiéndome el fulano que a la orden del Ayuntamiento de Ossa de Montiel. Evidentemente, en los tickets de cobro no figuraba ni la empresa recaudadora, ni el CIF, ni la madre que pario que identificara fiscalmente a quién nos hacía pagar.

¿Aquello me ofendió? ¡Sí! ¿Hice algo por remediarlo? ¡Sí! En lo fundamental interponer las denuncias oportunas ante los organismos adecuados. ¿Surtieron efecto esas denuncias? ¡Si! Las vallas fueron retiradas y nunca las volvieron a poner. ¿Quedé satisfecho? ¡No! Porque en realidad lo que quedé fue totalmente avergonzado al comprobar que la única actuación del público en general ante este atropello fue conformarse y pagar mientras duró la situación.

Y ante ello, ¿Cuál fue mi reflexión?  Pues la de que la inmensa multitud de visitantes que cada año acceden a este paraje natural no son otra cosa que una mera masa de indocumentados que se merecen todo lo podrido y todo el maltrato que pueden encontrarse en Ruidera y mucho más. ¡Anda y que les den!

Sabinares y encinares deforestados para la implementación de cultivos industriales en la cabecera del parque natural "Lagunas de Ruidera" 


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