La presencia masiva, tóxica e indestructible de los plásticos en todos los ecosistemas, en agua, suelo, aire, flora, alimentos e incluso el cuerpo humano es en la actualidad uno de los mayores problemas que tiene el planeta.
Los plásticos son una compleja mezcla de etilenos, polímeros, aditivos y colorantes que hacen que la solución tecnológica del reciclaje sea muy difícil de cumplir. Aún así las campañas publicitarias multimillonarias logran convencer al público de que ésta es la solución “ecológica” y que, por tanto, no hay que cuestionar el consumo.
A nivel global, el debate del problema se centra en los millones de toneladas de residuos plásticos que se desechan cada año, y no en la sobreproducción del plástico virgen, ni en el uso de combustibles fósiles como materia prima, ni en los miles de sustancias químicas que se les agregan, gran parte de ellas altamente peligrosas.
En general las políticas sobre residuos se centran en la gestión, excluyendo cualquier medida de prevención de la generación de residuos, extendiendo entre la ciudadanía la idea de culpabilidad por no llevar a cabo conductas responsables. En paralelo se ofrecen un conjunto de soluciones falsas que no atacan la raíz de la crisis, sino que mantienen la producción de plásticos agravando el actual estado de desastre ambiental y sanitario.
Las legislaciones vigentes no responden a intereses ambientales ni de salud, sino que están diseñadas para implementar y mantener negocios económicos que convierten los residuos en mercancías generando enormes beneficios a las empresas del reciclaje y, de paso, protegen a los grandes contaminadores. Lo llaman “valoración energética”. Son actividades industriales como la incineración de residuos en los hornos cementeros, considerando esta práctica como parte del proceso industrial de producción y eliminando trabas medioambientales y ecológicas para seguir quemando plásticos en sus hornos. La contaminación ambiental y sanitaria de los humos de combustión es extraordinaria, amenazando directamente la salud de las poblaciones próximas, e incrementando la contaminación atmosférica al multiplicar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Deberíamos ser conscientes de que la solución al problema de los plásticos no pasa por su reciclaje, sino por eliminar los intereses industriales de su gestión, sustituyéndolos por hacer prioritaria la salud pública y la protección medioambiental. Políticas que centren sus objetivos en la reducción de plásticos innecesarios y tóxicos, reduciendo progresivamente la valorización de los residuos. Hay que prohibir el uso de sustancias químicas peligrosas en su fabricación, así como la importación de desechos plásticos tóxicos que convierten a los países menos desarrollados en el estercolero del planeta. Hay que prohibir los plásticos de un solo uso y los envoltorios desechables, y establecer mecanismos para prevenir los daños producidos en su ciclo de vida/muerte. En definitiva, hay que dejar de lucrar a los productores de plásticos y recicladores, para favorecer la salud y el medio ambiente de los ciudadanos consumidores.

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